Mira tus manos
¿Has oído hablar de esa sustancia inalcanzable llamada futuro, de la que hablan los débiles? Aquí se llama oportunidad.
No hay camino fijo, pero dicen que aquellos que creen en la belleza de sus propios sueños encuentran allí una recompensa.
Se dirigen hacia ella sin acordarse de la decadencia que les rodea; de donde vienen no importa apenas, necesitan saber tan solo hacia qué luz se dirigen.
Padres del porvenir… o hijos del pasado.
Razones para llorar… o razones para reír.
Son todo elecciones.
No importan los años de vida, no es eso simple paja; contemos la vida de los años. No hay nada más común que existir, ¿quién vive? ¿Acaso no es poco común… quién vive?
¡Vive! (imperativo)
Mira tus manos, ¿no son acaso demasiado pequeñas para recibir todo lo que la vida quiere darte? Las miras buscando en ellas el pincel que haga la obra maestra, ese algo grande. Miles de cosas sin importancia aparente revolotean a tu alrededor sin que las aprecies, sin que las recojas; son detalles… que mueren…
Su intención, sus ganas de alegrarte, son humildes siervos que ansían satisfacerte, y para ti son miserables.
Millones de velas que existen para iluminar tu oscuridad son rechazadas, porque deseas un sol perfecto y majestuoso.
¿Temer dar sin recibir? Cuando el amor es un regalo, es emanar lo que llevas dentro de ti. El amor es el calor que desprende tu propia llama calentando a quien se acerca a ti. Temer el amor es temer a la vida misma, y quienes sufren de ese miedo no viven.