Escritos extrañísimos

Ya no sé qué significa lo de los viceversas, así que lo interpretaré. Estoy en las mismas condiciones que el lector... Es como si ya no tuviera acceso al fin del mundo, ese mundo que solo existe en un momento concreto dentro de mi cabeza, ese mundo que codifico con mi subconsciente y que es tan cambiante y tan indescodificable que, a día de hoy, si no me acuerdo, no entiendo a la mí de ayer...

Con las patitas colgando,
haciéndose un lío con los viceversas...
Parecía murmurar palabras que jamás querría traducir,
y ahí está, muerto como el sentimiento de pena...

No sé por qué, esto último me recuerda
a una pata de pollo que lleva un tiempo en el congelador

Al amanecer, te despiertan en el piso, calle la que sea, número menos algo,
los canturreos y gorgoritos de unos pájaros ciertamente falsos
Yo diría que es una grabación o un dispositivo... o un semáforo para invidentes.
Personalmente, no le veo la gracia a esto.
Y no son ellos, los pájaros, porque no pueden vivir en una calle donde solo hay un árbol, siempre habitado por una manada de chinos que salen a hacer feng shui.

Es de esas veces que abres los ojos y ves al gallo...
Parece que ha sido disecado en el momento álgido de su lucidez cantora, como si quisieran congelar su insonora nota imposible, y sus pequeñas manitas de dedos... tacos articulados por huesecitos quebradizos agarran con furia unas mantas... insegurísimos, la aprietan contra una barbilla, lo que influye en el ahogo y ese ronquido angustioso, al que le falta un hipo de aire...

A ese punto llegamos.
Yo, sentada en la almohada, creyendo creer que yo también podría hacerlo:
el dormir con ese sol de mediodía que te anaranja los párpados...
Pero temía despertarme ciega o algo peor y más naranja.

Estaba yo llena de dudas sobre la posibilidad de concebir el sueño en tales circunstancias, y de vez en cuando él respondía desde su sueño profundo con coletazos de optimismo.

Yo especulaba escéptica, pero desde su punto de vista era innegable que no le faltaba razón...
No sé con qué soñaba, pero decía y decía "perfectamente" todo el rato y yo me harté...
Me harté un poquito ese domingo por la mañana y me puse a trabajar.
Esa luz de la mañana que me da tanto frío...
Casi como la luz de la nevera en plena noche.

Y al gallo muerto le ha llovido encima y ahora está cubierto de escarcha...
Entre fango, hay escupitajos y chicles pisados y, quizá, incluso, antes de perder el aliento se haya hecho pis.
Y si ahora llega un perro que no tenga pedigrí ni sea muy escrupuloso, igual va y le hace caca encima.
El muerto no se va a quejar, eso desde luego.

Y fue un caos de flores japonesas, un estilo de infierno.
Iba apartando nubes con los ojos cerrados a golpe de estaca, como si me estuvieran pinchando.
Me dolía ese desierto difuso como una "no entiendo mi letra": aguda, punzante y concreta espina de pescado en la garganta... y podía gritar, claro que podía, pero no me apetecía y no me iban a escuchar.

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